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Entre ayuda, poder y la necesidad de un control consecuente
La psiquiatría cumple una función importante en nuestra sociedad. Millones de personas reciben allí ayuda para enfermedades mentales graves, crisis agudas o riesgo de suicidio. Al mismo tiempo, hay informes recurrentes sobre decisiones erróneas, problemas y abuso de poder. Justamente porque la psiquiatría puede intervenir profundamente en los derechos fundamentales de una persona, debe someterse a un control público especialmente crítico.
Ayuda y coerción – un campo de tensión sensible
Pocos otros campos médicos tienen poderes comparables. Bajo ciertas condiciones legales, las personas pueden ser ingresadas, tratadas o restringidas en su libertad de movimiento en contra de su voluntad. Tales medidas deben servir para la protección de la persona afectada o de otros. Al mismo tiempo, conllevan un alto riesgo de decisiones erróneas y requieren un examen legal y médico cuidadoso.
Donde la crítica se hace oír una y otra vez
Las organizaciones de derechos humanos, las representaciones de pacientes y las personas afectadas critican desde hace años diversas áreas problemáticas:
- Diagnósticos erróneos o apresurados con consecuencias de gran alcance.
- Inadecuada inclusión de los afectados en las decisiones de tratamiento.
- Uso excesivo de medicamentos sedantes sin la debida información.
- Medidas que restringen la libertad y que se perciben como desproporcionadas.
- Falta de personal y presión de tiempo, lo que dificulta la atención individual.
- Dificultades para impugnar decisiones durante un internamiento.
No toda crítica se aplica a cada institución. Muchas clínicas psiquiátricas trabajan de manera comprometida y responsable. Sin embargo, los casos documentados muestran que pueden ocurrir problemas y deben ser tomados en serio.
El poder exige control
Donde las personas pueden decidir sobre la libertad de otros, la transparencia y el control independiente son indispensables. Por eso, muchos profesionales exigen:
- controles de calidad externos regulares,
- derechos de los pacientes más fuertes,
- puntos de queja independientes de fácil acceso,
- mejor documentación de las medidas coercitivas,
- personal suficiente y formación continua.
Solo a través de decisiones comprensibles se puede generar confianza.
La perspectiva de los afectados
Muchos ex pacientes informan que durante su estancia no se sintieron tomados en serio o incapacitados. Otros, en cambio, describen que el tratamiento psiquiátrico les salvó la vida. Estas experiencias diferentes muestran que la realidad es compleja. Los juicios generales no hacen justicia a la diversidad de las situaciones.
Justamente por eso, los informes de los afectados deben ser tomados en serio, examinados cuidadosamente y – si se confirman errores – deben tomarse consecuencias.
La dignidad humana debe estar en primer lugar
Las enfermedades mentales nunca deben llevar a que las personas pierdan su dignidad. Cada tratamiento debe orientarse a los principios fundamentales de la medicina: respeto, información, proporcionalidad y colaboración lo más voluntaria posible. La coerción solo debe ser el último recurso y debe permanecer legalmente verificable.
Conclusión
Una psiquiatría moderna necesita la confianza de la población. Esta confianza no se genera a través del aislamiento, sino a través de la apertura, el control independiente y la disposición a aprender de los errores. La crítica a los problemas no significa cuestionar toda la psiquiatría. Más bien, es un requisito para que las pacientes y los pacientes estén protegidos de la mejor manera posible y para que la ayuda psiquiátrica llegue donde realmente se necesita.
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Contacto Thomas Winterbacher:
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